Imagine que no existen las normas de transito. Un día en el que simplemente no hay semáforos...; piense que pasaría si usted no supiera, y no tuviera como saber, en qué dirección fluyen las calles, o de qué lado se debe conducir...¿Cómo se sentiría usted? Yo podría decirle que al menos se asustaría, que le entraría una sensación de incertidumbre, algunos se enojarían y otros se angustiarían. Hoy quiero compartir tres claves básicas para la crianza de sus hijos que pueden ser usadas en cualquier contexto de relación con otros, y que les ahorrarán muchos dolores de cabeza.
El principio es simple: los seres humanos, para vivir tranquilos, necesitamos reglas que regulen nuestra forma de actuar en todas las situaciones. Inclusive los ambientes que no tienen reglas cuentan con al menos una regla básica, esto es, no tener reglas. Ahora piense un momento que pasaría si usted no tuvieras reglas, por ejemplo, en el trabajo; si usted no supiera que esperan de usted y que debe hacer; si usted no pudiera de cierta manera saber, imaginar o proyectar qué puede pasar en su día a día...; le puedo asegurar que si usted no tiene normas, las pide, se las exige a sus superiores o se deprime. Y eso sucede de diferentes maneras -pero podría decirles que las formas más comunes como “se pide” son el enojo, la frustración laboral y la transgresión de las normas ya conocidas.
Esto mismo aplica para la crianza de los hijos. Me explico mejor.
Tenemos la creencia que a los niños no hay que decirles, que ellos deben hacer de la misma forma que un adulto sabe que debe trabajar; les asignamos un sentido de responsabilidad que no es propio de un niño, les decimos: “tú debes ir al colegio”, “tú debes lavar tu ropa”, “debes portarte bien” ¿¡alguna vez se ha puesto a pensar lo difícil que es entender que es «portarse bien»!? El error es común: se trata de suponer que el otro (hijos, esposos, amigos, trabajadores, compañeros) sabe que esperamos de ellos y debe hacer como nosotros consideramos que es mejor -y lo más gracioso de todo es que ¡ni siquiera les contamos! Ahora a las claves.
Desde la psicología se ha hablado de tres características básicas que los ambientes (y las personas) deben generar para evitar conflictos y facilitar la crianza y son las siguientes:
1. Ser estables: hace referencia a que se pueda saber con certeza cuál es el espacio que se habita y las personas que “nos pertenecen”, desde la habitación, la casa, hasta el escritorio de la oficina; la no existencia de estas características en nuestras vidas genera sensación de inestabilidad y de no pertenencia.
2. Ser seguros: algunas de las principales características de la infancia son el deseo por explorar y conocer. Con los niños es preciso generar la sensación de que tienen espacios donde “no les va a pasar nada”, donde pueden refugiarse y encontrar comfort cuando sientan temor o la exploración del mundo no haya salido del todo bien. (Generalmente esta sensación se obtiene en casa; piense que se desea después de un día difícil... “¡llegar a casa!”)
3. Ser confiables: Los niños y las personas deben poder confiar en el otro. Si esta sensación de confianza no ocurre, se empiezan a generar mentiras y recelo en las relaciones. La clave en este caso es ser coherente entre las acciones y las palabras, y ser consecuentes en los actos; recuerden la frase de oro: “se aprende del ejemplo”.
Por último, van unas recomendaciones para implementar estas tres reglas:
1. Implemente rutinas en el hogar. Esto le permitirá a sus hijos predecir que va a pasar en el día a dia y los tranquilizará.
2. Establezca consecuencias claras para las acciones aceptadas y no aceptadas.
3. Cada falta tiene su correctivo. Evite acumularlos o prolongarlos.
4. Sea claro en lo que pide. Evite decir “pórtate bien”; explique claramente que «debe hacer» y «no hacer» para que su comportamiento sea el que usted espera.
5. Honre la palabra. Cumpla con lo que promete, cuéstele lo que le cueste.
6. Evite hablar de cosas que no piensa cumplir.
7. “Pórtese bien”. Su comportamiento será su mejor aliado o su peor enemigo.
En definitiva, la palabra más importante es predictibilidad. Si podemos anticipar comportamientos y situaciones, vivimos más tranquilos, con menos agresividad y angustia y ganamos en felicidad.